Prisión de Quatre camins. 14/02/2010 (San Valentín)
Mujer:
Hace tiempo que estoy echando de menos recibir una carta tuya, de aquellas que me escribías cuando todavía creías en mi y la vida parecía ser ese plácido lugar donde uno no se atreve siquiera ni a dudar y da por sentado, que siempre seguirá habiendo un tiempo y un espacio para aquel dulce transcurrir embelesado al que ingenuamente llamamos amor.
Por entonces te quería, o eso era lo que yo creía, y por tanto, era verdad.
Hallar refugio en tus brazos, era sin saberlo yo, sentirme lejos del mundo, de sus penas y trabajos, protegido y cobijado, como en otra dimensión.
Pero hace ya mucho tiempo, tanto que casi he olvidado, que salí yo despedido de ese acogedor regazo.
Propulsado hacia la vida donde truenan las tormentas, me encontré medio desnudo, (tal como tu me dejaste), luchando contra mareas bajo un viento huracanado, y sintiendo el fuerte azote de ráfagas imprevistas que sobre mi se lanzaban como embravecido embate.
No fue poca la sorpresa al descubrirme atacado, quizás lo más imprevisto de lo que estaba ocurriendo fue descubrir que tu estabas, jugando con mi destino oculta entre bastidores, sujetando aquellos hilos con que alguien me manejaba, como a un títere en un cuento.
Quisiste sacar partido de esa insólita función y hacer de un modo invisible la “Gran representación”, espectáculo macabro del que siempre fuiste parte, (con un gran afán de lucro, pero sin querer mancharte).
Te pusieron en las manos “afinados instrumentos”, “manual de falsas denuncias” y “ordenes de alejamiento”,
“nuevo código penal” con aires de inquisición, y en los oídos tapones para no oír mis lamentos.
Te engañaron, amor mio, vendiéndote libertad, pues aquellos vendedores, falsos como sus palabras queriéndote sin entrañas, te pretendían comprar.
Victimizaron tu nombre (palabras sueltas al viento), para que aún siendo indecente, tuvieras un monumento, y te creíste el papel de ser la perjudicada mientras te volvías ciega al daño que tu causabas.
No te lo pusieron fácil, nadie pidió explicaciones, ni que recapacitaras sobre tus propias acciones.
Debes saber, amor mio, que en el fondo te perdono, porque mas hondo no puedo caer en mi situación, aunque no pueda escribirte, pues describe mi sentencia que está prohibida contigo cualquier comunicación.
Así que pedir perdón, también debe estar prohibido aunque sea por negarme a pagar “manutención”, pero perdóname, vida, pues no se lo que te debo por secuestrarme a los hijos y encerrarme en la prisión.
Ya ves en donde me tienes, yo que creí en la igualdad (concepto que está de moda con una nueva visión), pues quien tanto vocifera en pos de la “paridad”, considera “positiva” nuestra discriminación.
No entiendo, cariño mio, y quisiera que me expliques como poder contentarte con tanta contradicción, pues cuando me abandonaste, me arrebataste a los críos, después de haberme pedido criarlos con mi implicación.
Solo quiero recordarte, que también yo soy persona, que tengo unos sentimientos y que tengo un corazón, que me di con toda entrega y me arrebataste a los míos, quedándote “la exclusiva” con “cuenta nueva” y borrón.
Soy consciente que hoy en día, gracias a la ciencia “in vitro”, no se necesita un hombre para la reproducción, pero yo tengo añoranza de aquellos “tiempos felices”, en que contabas conmigo para “la inseminación”.
No se si te entró sordera, pero deja que te diga, que nuestros hijos no quieren vivir esta situación, que necesitan un padre que cada día les quiera, (no como zánganos tristes viviendo en una colmena, en donde la abeja “reina”, gracias a un gran aguijón).
Mujer : hace tiempo que estoy echando de menos recibir una carta tuya, de aquellas que me escribías antes de que todo lo que recibiese de ti fueran papeles provenientes del juzgado: demandas, acusaciones, injurias y calumnias, con las que hubieras podido llegar a destruir mi vida.
Pero la vida es bella con o sin ti, y es mas bella cuando tiene un sentido, y ahora tiene mucho sentido, porque he conocido una buena causa por la que luchar: La verdadera igualdad de derechos y deberes de los seres humanos, sea cual sea su sexo, y , en familias separadas: la custodia de los hijos compartida.
Ojalá tu encuentres pronto el buen sentido que perdiste.
Buena suerte.